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Hay que ver que en esa época, hacia 1800, Buenos Aires era un pequeño puerto que sólo fue elevado al rango de capital virreinal, pero que aprendió a apoyarse en sus fortalezas rechazando a los ingleses que lo ocuparon en 1807. Una cuarta parte de la población era afrodescendiente, otra parte estaba formada por guarniciones militares, gauchos.
A principios del siglo XIX, Buenos Aires era una pequeña ciudad portuaria recién elevada a la categoría de capital del Virreinato del Río de la Plata. La ciudad tenía una población diversa, que incluía afrodescendientes, guarniciones militares y gauchos (vaqueros). En 1807, Buenos Aires fue ocupada por los británicos, pero sus habitantes lograron expulsar a los invasores y mantener su autonomía. Esta experiencia de resistencia y autosuficiencia sería importante en la lucha por la independencia que siguió.
 
La independencia fue rápidamente conquistada en Argentina en 1816. Sin embargo, está rodeada por el inmenso Brasil y todo el virreinato de Perú, lo que representa una amenaza que teme un ataque desde el Norte. Uno de los principales líderes de este movimiento [https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_de_San_Mart%C3%ADn José de San Martín] decidió con otros llevar la independencia al interior de Argentina, Chile y tan lejos como Bolivia y Perú.
En 1810, Buenos Aires declaró su independencia de España, pero la lucha de la ciudad por la independencia se complicó por las divisiones internas y la presencia de fuerzas realistas en otras partes del virreinato. A pesar de estos problemas, Buenos Aires y las provincias circundantes lograron independizarse en 1816 y formaron las Provincias Unidas de Centroamérica, que más tarde se convertirían en la República Argentina.
 
La independencia de Argentina se consiguió rápidamente en 1816, pero el país estaba rodeado por los vastos territorios de Brasil y el Virreinato del Perú, que suponían una amenaza potencial de ataque desde el norte. Para hacer frente a esta preocupación, uno de los principales líderes del movimiento independentista, José de San Martín, y sus aliados decidieron llevar la lucha por la independencia al interior de Argentina, Chile e incluso más allá, a Bolivia y Perú. San Martín y sus tropas libraron varias batallas y lograron liberar Chile en 1818 y Perú en 1821. Los esfuerzos de San Martín fueron cruciales en el proceso de construcción nacional y formación de estados independientes en Sudamérica.


== Perú ==
== Perú ==

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La independencia de las naciones latinoamericanas fue un proceso complejo en el que influyeron diversos factores, como las tensiones internas de la sociedad y acontecimientos externos como las revoluciones estadounidense y haitiana. El debilitamiento o la ruptura de la relación entre las colonias y sus metrópolis europeas desempeñó un papel importante a la hora de facilitar estos movimientos independentistas.

La Revolución Francesa tuvo un impacto significativo en los movimientos independentistas de América Latina. Las ideas de libertad, igualdad y fraternidad que fueron centrales en la Revolución Francesa resonaron en muchas élites e intelectuales latinoamericanos, que buscaron establecer valores similares en sus propios países. La Revolución Francesa también debilitó el poder de las potencias coloniales europeas, preocupadas por sus propias luchas internas, lo que brindó a las colonias la oportunidad de afirmar su propia independencia. Además, la Revolución Francesa propició la difusión de ideas y movimientos revolucionarios por todo el mundo, lo que también contribuyó a la aparición de los movimientos independentistas latinoamericanos.

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La causa externa

La invasión de la Península Ibérica por Napoleón a principios del siglo XIX desempeñó un papel importante en la independencia de las naciones latinoamericanas. La ausencia de una autoridad central fuerte en España y Portugal permitió que líderes locales, como Simón Bolívar, se alzaran y reclamaran la independencia de sus respectivos países.

La invasión de Napoleón en 1808 y la posterior ausencia del rey Fernando VII alteraron la tradicional dinámica de poder entre gobernantes y gobernados en las colonias españolas, lo que desembocó en la Guerra Peninsular. Ante la incapacidad del rey para gobernar con eficacia, líderes locales como Simón Bolívar pudieron intervenir y afirmar su propia autoridad, lo que finalmente condujo a la independencia de sus respectivos países. Además, la debilidad del gobierno español durante esta época brindó a estos líderes la oportunidad de ganar apoyos y movilizar a sus poblaciones hacia la independencia. En Brasil, la familia real portuguesa y su corte huyeron a la colonia en 1808, lo que ayudó a reforzar la identidad brasileña y contribuyó a la independencia del país en 1822.

La composición demográfica de las colonias también desempeñó un papel importante en los movimientos independentistas de las naciones latinoamericanas. Los colonizadores españoles y portugueses oprimían y trataban como ciudadanos de segunda clase a la numerosa población indígena y al elevado número de esclavos. Esto provocó descontento y, en última instancia, movimientos independentistas. Además, los ideales de libertad y autogobierno de la Ilustración también influyeron en los movimientos independentistas de América Latina.

La independencia de Brasil

La independencia de Brasil se puso en marcha en 1808 cuando Napoleón ya había invadido España, el Príncipe Regente de Portugal Joao VI embarcó con su familia, corte y administración rumbo a Brasil en un acontecimiento conocido como el "Traslado de la Corte Portuguesa" en el que entre 10.000 y 150.000 personas zarparon en barcos bajo escolta británica con los archivos y el tesoro. Esto se hizo porque el Príncipe Regente de Portugal, Joao VI, temía que los franceses invadieran Portugal y quería proteger a la familia real, a los funcionarios del gobierno y las riquezas del país. La llegada de la corte a Brasil tuvo un impacto significativo en la colonia, ya que provocó un aumento del comercio y de la actividad económica, y también marcó el inicio de un periodo de autonomía para Brasil. En 1822, el príncipe Pedro, hijo del príncipe regente, declaró la independencia de Brasil de Portugal, y posteriormente fue coronado como primer emperador de Brasil.

De 1808 a 1821, el Imperio portugués fue gobernado desde Río de Janeiro, donde la corte real y los funcionarios del gobierno se habían trasladado durante las guerras napoleónicas. Durante este periodo, Brasil experimentó un importante crecimiento económico y cultural, y la élite de la colonia empezó a desarrollar un sentimiento de autonomía. Sin embargo, la relación entre la colonia y la metrópoli se mantuvo relativamente pacífica hasta 1821, cuando el rey Joao VI decidió regresar a Lisboa y dejar a su hijo, Pedro, como regente de Brasil. Esta decisión provocó tensiones entre la élite brasileña, que deseaba mantener su autonomía, y los funcionarios portugueses, que querían reafirmar el control sobre la colonia. Esto condujo finalmente a la declaración de la independencia de Brasil en 1822, con Pedro como primer Emperador de Brasil.

Las élites brasileñas se sintieron ofendidas por la idea de volver a la situación anterior a 1808, y convencieron a Pedro I para que permaneciera en Brasil y se convirtiera en el emperador independiente del país. En 1822, Pedro I declaró la independencia de Brasil de Portugal y se convirtió en el primer emperador del recién formado imperio. Sin embargo, Brasil siguió siendo una monarquía esclavista y no se produjo ningún cambio social. Así es, la esclavitud seguía siendo legal en Brasil y así permaneció hasta 1888. A pesar de la declaración de independencia, la estructura social y económica de la colonia permaneció prácticamente inalterada, con la élite continuando en el poder y la mayoría de la población, incluidos los africanos esclavizados, permaneciendo marginada. La abolición de la esclavitud llegaría más tarde, en 1888, tras un largo y complejo proceso.

La América española continental: de la fidelidad al rey a la guerra civil (1810 - 1814)

En 1810, las colonias españolas de América empezaron a experimentar una oleada de movimientos revolucionarios, ya que los líderes locales intentaban aprovechar el vacío de poder dejado por la ausencia de un gobierno central fuerte. Estos movimientos se centraron inicialmente en mantener la lealtad al rey español y preservar el sistema colonial existente, pero a medida que se prolongaba la guerra entre España y Francia, muchos líderes empezaron a reclamar una mayor autonomía e independencia del dominio español.

En 1814, la situación había degenerado en una guerra civil abierta, en la que diferentes facciones luchaban por el control de las distintas colonias. Algunas pretendían establecer repúblicas independientes, mientras que otras buscaban restaurar la lealtad al rey español o crear nuevos imperios. Las guerras de independencia condujeron a la disolución del Imperio Español en América y a la aparición de varios estados independientes.

Inicialmente, tras la caída del rey Fernando VII, las ciudades de las colonias españolas en América formaron juntas locales, o consejos, para gobernar en su nombre durante su ausencia. Invocaban el principio de que, en ausencia del rey, la soberanía correspondía al pueblo, pero no cuestionaban la validez del poder real. Creían que el rey volvería y retomaría el control, por lo que intentaban mantener el orden y la estabilidad hasta ese momento. Sin embargo, a medida que la guerra entre España y Francia se alargaba y quedaba claro que el rey no regresaría pronto, muchos de estos líderes locales empezaron a exigir una mayor autonomía e independencia del dominio español. Esto dio lugar a la aparición de varios movimientos revolucionarios y, finalmente, a las guerras de independencia.

Juramento de las Cortes de Cádiz en la iglesia parroquial de San Fernando. Presentación en el Congreso de los Diputados de Madrid.

Las juntas locales de las colonias españolas en América estaban compuestas principalmente por la élite de los plantadores y comerciantes, tanto de las regiones peninsulares (gente de España que se había establecido en las colonias) como de las regiones criollas (gente de ascendencia española nacida en las colonias). Estas juntas se formaron para gobernar en nombre del rey y mantener el orden hasta su regreso.

En España se produjo un proceso similar: las juntas provinciales formaron una Junta Suprema Central en Cádiz. Esta junta debía servir como órgano central de gobierno para todo el imperio español, incluidas las colonias de América, y coordinar una guerra de liberación contra Napoleón. La Junta de Cádiz no fue invadida por Napoleón, por lo que se consideró a sí misma como el gobierno legítimo de España y su imperio. Sin embargo, la distancia, la falta de comunicación y los diferentes intereses entre la Junta de Cádiz y las Juntas americanas dificultaron la coordinación de la guerra de liberación.

La Junta Suprema Central de Cádiz nombró un Consejo de Regencia como gobierno legítimo del encarcelado rey Fernando VII y trató de ganarse el apoyo de las colonias americanas en su guerra contra Napoleón. Para ello, reconocieron el principio de igualdad entre las provincias americanas y trataron de implicarlas en el gobierno del imperio.

En 1810, en condiciones de guerra y ocupación por los franceses, la Junta Suprema Central convocó apresuradamente una Asamblea Nacional de delegados de las provincias de España, América y Asia. Esta asamblea pretendía representar a todo el imperio y proporcionar un foro para que las provincias participaran en el gobierno del imperio y coordinaran la guerra de liberación. Sin embargo, la Asamblea Nacional duró poco y fue difícil aplicar sus decisiones debido a la distancia y a las dificultades de comunicación con las colonias americanas. Además, las colonias americanas ya habían comenzado a desarrollar sus propios movimientos independentistas y de autogobierno, lo que dificultaba a la Junta Suprema Central de Cádiz mantener el control sobre ellas.

La cuestión de la representación en la Asamblea Nacional se convirtió rápidamente en un problema importante, ya que quedó claro que, en función de la población, España tendría menos delegados que las colonias americanas, que contaban con una población de unos 16 millones de habitantes. El Consejo de Regencia decidió en última instancia el debate, y en las Cortes, las colonias americanas quedaron gravemente infrarrepresentadas, con sólo 1/5 de los miembros. Esta decisión planteó un problema de legitimidad para las Cortes, ya que muchos en las colonias americanas la consideraron una negación de su derecho a la igualdad de representación y al autogobierno.

Esta falta de representación y el creciente deseo de autogobierno en América provocaron la aparición de diversos movimientos revolucionarios en las colonias. Estos movimientos, liderados por las élites criollas, empezaron a reclamar una mayor autonomía y, finalmente, la plena independencia de España.

Esta escasa representación de las colonias americanas en las Cortes, y la consiguiente falta de atención a sus intereses, fue uno de los factores clave que condujeron a las Guerras de Independencia en América.

Las Cortes, convocadas por el Consejo de Regencia, sí debatieron y ratificaron la Constitución Política de la Monarquía Española de 1812. Esta constitución se aplicaba a España y a sus territorios en América y Asia, y pretendía modernizar y liberalizar el gobierno del imperio. La constitución establecía una monarquía parlamentaria, con un poder reducido del rey en favor de las Cortes, y pretendía descentralizar parte de la administración y conceder el sufragio a todos los hombres adultos sin exigir que fueran propietarios o supieran leer y escribir.

La Constitución de 1812 fue un documento importante en la historia de España, ya que intentaba conceder mayores derechos políticos y representación al pueblo. Sin embargo, no fue bien recibida en América, donde las colonias no estaban representadas en las Cortes, y se consideró una continuación de las mismas políticas que habían conducido a las Guerras de Independencia. Además, la Constitución no se aplicó en las colonias americanas, pues los movimientos revolucionarios ya estaban en marcha y era demasiado tarde para que tuviera algún impacto significativo en la situación.

La Constitución de 1812 sí concedía el sufragio a todos los hombres adultos, pero se limitaba a españoles, indios e hijos mestizos de españoles. Esto excluía de hecho a los afrodescendientes libres, conocidos como afrolatinoamericanos, así como a los mestizos que no se ajustaban al principio de limpieza de sangre, que exigía que la ascendencia de una persona fuera puramente española.

Esta exclusión de los afrolatinoamericanos de los derechos políticos y la representación fue un fallo importante de la Constitución de 1812, ya que constituían una parte significativa de la población de las colonias americanas. Reforzó la jerarquía racial ya existente y la discriminación contra las personas de color en el Imperio español, marginándolas aún más y negándoles la igualdad de derechos y oportunidades.

Esta exclusión de una parte importante de la población de los derechos políticos y la representación fue uno de los factores que contribuyeron a las Guerras de Independencia en América, ya que muchas personas de color lucharon junto a las élites criollas por sus derechos y su libertad.

La aplicación de la Constitución de 1812 y las acciones del Consejo de Regencia no fueron bien recibidas en muchas de las provincias americanas, y provocó una división entre ellas. Algunas provincias reconocían la autoridad de las Cortes y del Consejo de Regencia, mientras que otras no.

En algunas provincias, el Consejo de Regencia nombró nuevos gobernadores para neutralizar a las juntas existentes, pero muchos de estos gobernadores no fueron aceptados por las poblaciones locales, y las juntas se negaron a reconocer su autoridad. Esto provocó una lucha de poder entre los gobernadores nombrados y las juntas existentes, y muchas provincias siguieron gobernando en nombre del rey a través de sus juntas.

Esta falta de aceptación y la división entre las provincias americanas dificultó al Consejo de Regencia mantener el control sobre las colonias y debilitó aún más su autoridad. También obstaculizó los esfuerzos del Consejo de Regencia para coordinar la guerra de liberación contra Napoleón, ya que muchas provincias estaban centradas en sus propios conflictos internos.

Además, esta división y la falta de un esfuerzo unificado entre las provincias americanas, facilitó que los movimientos revolucionarios ganaran apoyo e impulso, lo que finalmente desembocó en las Guerras de Independencia en América.

En algunos casos, las juntas locales declararon ilegítimo el Consejo de Regencia, expulsando a los nuevos gobernadores nombrados por él, y declararon que sólo ellas tenían autoridad para gobernar en ausencia del rey. Estas juntas pasaron gradualmente de buscar la autonomía a declarar la independencia.

Sin embargo, no todas las juntas siguieron este camino, algunas permanecieron leales al Consejo de Regencia y reconocieron su autoridad. Estas juntas leales estaban a menudo dirigidas por élites conservadoras, que veían en el Consejo de Regencia el gobierno legítimo de España y la mejor esperanza para restaurar el orden y la estabilidad en el imperio.

Esta división entre las juntas debilitó aún más la autoridad del Consejo de Regencia y dificultó que mantuviera el control sobre las colonias. También creó una situación en la que algunas provincias avanzaban hacia la independencia, mientras que otras seguían siendo leales al imperio, lo que llevó a una situación compleja y confusa.

La declaración de independencia de algunas de las provincias americanas fue un proceso gradual, y no fue aceptada universalmente por la población, fue el resultado de la compleja situación política, económica y social de América, y de los diferentes intereses de las élites criollas.

Desde 1809 hasta 1814, no hubo verdaderas guerras de independencia en la América española, sino guerras civiles dentro de cada provincia entre los que querían permanecer leales al Consejo de Regencia y al rey y los que querían la autonomía y la independencia. La situación en las colonias era muy compleja y variaba según la región: algunas provincias permanecían leales al imperio, mientras que otras avanzaban hacia la autonomía y la independencia.

Estas guerras civiles fueron a menudo brutales y provocaron importantes pérdidas de vidas y destrucción de bienes. También se caracterizaron por alianzas cambiantes y traiciones, ya que diferentes grupos y facciones lucharon por el control de las provincias.

Las Guerras de Independencia en América no fueron un único esfuerzo unificado, sino más bien una serie de conflictos que se produjeron en diferentes regiones y en diferentes momentos. El final de las guerras napoleónicas y el regreso al trono del rey Fernando VII en 1814, provocaron el fin de estas guerras civiles y el surgimiento de varios estados independientes en América. Sin embargo, las guerras de independencia en la América española continuaron en algunas regiones hasta 1825.

La América española continental: la diversidad de los procesos de independencia (1814 - 1824)

En 1814, con la caída de Napoleón y el regreso del rey Fernando VII al trono español, las colonias de América Latina se enfrentaron a una difícil decisión. Fernando rechazó la Constitución liberal de 1812 que se había establecido durante su ausencia, y en su lugar trató de reafirmar un gobierno absolutista sobre las colonias. Esta decisión, junto con una serie de agravios económicos y políticos, desencadenó una oleada de movimientos independentistas en toda América Latina. Las colonias, lideradas por las élites criollas, empezaron a resistirse al dominio español y a luchar por su libertad. Estas luchas por la independencia fueron largas y sangrientas, con muchas batallas y atrocidades cometidas en ambos bandos. Finalmente, la mayoría de las colonias lograron su independencia en 1824, aunque el proceso de construcción nacional y creación de gobiernos estables distaba mucho de haber concluido.

En respuesta a los movimientos independentistas, el rey Fernando VII lanzó un proceso de reconquista en el que envió tropas a las colonias para reafirmar el control español. Este proceso se caracterizó por el uso de la fuerza y la represión brutal, ya que las fuerzas españolas intentaban aplastar la rebelión y mantener su dominio sobre las colonias. Las élites criollas y otros líderes independentistas que lideraron la resistencia se enfrentaron a una dura represión, que incluyó el encarcelamiento, la ejecución y el exilio. Sin embargo, la resistencia continuó, impulsada por el deseo de libertad y autodeterminación. Las luchas por la independencia fueron largas y difíciles, con muchas batallas y sacrificios en el camino, pero finalmente la mayoría de las colonias lograron la independencia en 1824.

México

En México, el movimiento independentista fue impulsado por el cura Miguel Hidalgo y Costilla. Hidalgo, un hombre blanco nacido en México, era un sacerdote que se sintió profundamente frustrado por el duro trato que recibía el pueblo mexicano por parte del gobierno español y los "gachupines" (élites de origen español que ostentaban el poder en México). En 1810 se rebeló contra los españoles y llamó a los mexicanos de todas las razas y clases sociales a unirse a él en la lucha por un gobierno más justo. La rebelión de Hidalgo tuvo éxito en un principio, pero finalmente fue derrotada por el ejército español. Hidalgo fue capturado, juzgado y ejecutado en 1811. Sin embargo, su rebelión desencadenó una guerra por la independencia que continuaría durante otros 11 años bajo el liderazgo de otras figuras, como José María Morelos y Vicente Guerrero, y finalmente México logró su independencia de España en 1821.

La religión católica era muy fuerte en México y desempeñaba un papel fundamental en la vida social y política del país. La rebelión de Hidalgo, sin embargo, no estaba motivada principalmente por razones religiosas, sino más bien por un deseo de cambio político y económico. Reclamaba el fin del dominio español y la creación de un gobierno más justo. Sin embargo, la rebelión pronto adquirió un carácter clasista, ya que las tropas de Hidalgo atacaron las haciendas de las élites criollas y de otros ricos terratenientes. Esta lucha de clases, que Hidalgo quizá no pretendía, le dificultó mantener el control de la rebelión y provocó divisiones en sus fuerzas. A pesar de ello, la rebelión consiguió controlar un amplio territorio en México, pero finalmente fue derrotada por el ejército español e Hidalgo fue capturado y ejecutado. La lucha por la independencia continuó bajo otros líderes.

Tras el éxito inicial de la rebelión de Hidalgo, muchas de las élites criollas empezaron a temer la agitación social y económica causada por la rebelión y optaron por ponerse del lado de la corona española. Hidalgo fue finalmente capturado y ejecutado por el ejército español. Sin embargo, la lucha por la independencia continuó bajo el liderazgo de José María Morelos. Morelos, un sacerdote afrodescendiente de ascendencia mixta y orígenes modestos, tomó la antorcha de la rebelión y desarrolló un programa más amplio en pro de la independencia política, la igualdad racial, la redistribución de la tierra y, en particular, la abolición de la esclavitud. Consiguió hacerse con el control de una parte importante del país, pero tuvo dificultades para mantener el control de sus tropas. Finalmente, Morelos fue capturado y ejecutado por los españoles en 1815. A pesar de la ejecución de Morelos, la guerra por la independencia continuó bajo el liderazgo de otras figuras como Vicente Guerrero, y finalmente México logró su independencia en 1821.

Tras la ejecución de Morelos, la guerra por la independencia de México continuó con diversos líderes y alianzas cambiantes. Finalmente, en 1821, un aristócrata mexicano llamado Agustín de Iturbide declaró la independencia y consiguió forjar una alianza entre los partidarios de Hidalgo, Morelos y la élite criolla contra los españoles. Con esta alianza, Iturbide pudo derrotar al ejército español y conseguir la independencia de México. Tras la derrota de España, Iturbide se proclamó emperador constitucional de México. Esta solución sólo duró dos años y pretendía proteger la jerarquía social existente. Sin embargo, la revolución dio como resultado final la creación de un México independiente, aunque el proceso de construcción de la nación y la creación de un gobierno estable aún tenían un largo camino por recorrer.

Centroamérica, formada por países como Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, formaba parte del Virreinato de Nueva España, con sede en Ciudad de México. Cuando México se independizó de España en 1821, el virreinato se disolvió y Centroamérica se convirtió en una entidad independiente. Sin embargo, Centroamérica no luchó por su independencia, ya que ésta se produjo como resultado de los cambios administrativos y políticos en México tras su separación de España. Centroamérica declaró formalmente su independencia en 1823, con el Acta de Independencia de Centroamérica, que establecía una república federal compuesta por los cinco países mencionados. Este fue un paso importante para la formación de una nueva nación, pero no fue una guerra de independencia como en la mayoría de los demás países de América Latina.

Venezuela

En Venezuela, el movimiento independentista estaba liderado por élites criollas adineradas que buscaban mayor autonomía y poder político. Sin embargo, la cuestión de la raza y la desigualdad social complicaron el movimiento, ya que la población de Venezuela era diversa, con un gran número de africanos esclavizados y pueblos indígenas. Las élites criollas estaban influenciadas por el ejemplo de Haití, que había logrado la independencia de Francia gracias a una rebelión de esclavos, y las demás Antillas azucareras, que también habían experimentado revueltas de esclavos. Esto provocó una tensión entre las élites, que buscaban la independencia en beneficio propio, y las clases bajas, que buscaban la libertad y la igualdad para todos. Esta tensión seguiría marcando el desarrollo político y social del país incluso después de obtener la independencia en 1821.

Venezuela, al ser una colonia con una importante población de africanos esclavizados, la cuestión de la esclavitud añadió complejidad al movimiento independentista. En Venezuela, la esclavitud estaba más desarrollada que en México, con esclavos empleados principalmente en las plantaciones de cacao. Además, había un gran número de libertos de color trabajando en la artesanía en las ciudades, que no eran considerados iguales a las élites criollas blancas. La presencia de una gran población esclavizada y el temor a una revolución al estilo haitiano, en la que la población esclavizada se alzara contra sus amos, hizo que la élite criolla dudara en apoyar plenamente el movimiento. Estaban más inclinados a buscar una mayor autonomía dentro del imperio español que la independencia total, que significaría la pérdida de control sobre la población esclavizada y una posible agitación social. Este temor a una rebelión de esclavos seguiría marcando el desarrollo político y social del país, incluso después de obtener la independencia en 1821.

El proceso de independencia de Venezuela fue diferente al de México. Al principio del movimiento, una junta declaró la independencia en 1810, pero esta declaración no entusiasmó a las clases populares, maltratadas por las élites y sometidas a la esclavitud y la explotación. Los españoles, que aún tenían tropas en la región, consiguieron movilizar a las tropas no blancas de las plantaciones denunciando el racismo de las élites criollas y prometiendo la libertad a la población esclavizada, incluidos los llaneros (vaqueros) de las haciendas. Esto provocó una división entre las fuerzas independentistas, enfrentándose las élites criollas y sus tropas a las alzadas por España. Como resultado, los independentistas fueron rápidamente superados por las tropas levantadas por España, y la guerra por la independencia continuó durante otra década, bajo el liderazgo de otras figuras como Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander. Finalmente, Venezuela conseguiría su independencia en 1821, junto con los demás territorios de la Gran Colombia, pero el proceso de construcción nacional y creación de gobiernos estables distaba mucho de haber terminado.

En Venezuela, como en muchos otros países latinoamericanos, la lucha por la independencia estuvo marcada por la guerra civil y las divisiones internas. Una de las figuras clave de la guerra por la independencia fue Simón Bolívar, miembro de la aristocracia cacaotera y comerciante de esclavos, que reconoció que para ganar la independencia necesitaba el apoyo de la mayoría de la población, que era pobre, indígena y afrodescendiente. Comprendió que si España ganaba, no concedería la igualdad a los afrodescendientes ni aboliría la esclavitud, como se desprendía de la Constitución de 1812. Por ello, Bolívar formó alianzas con personas de distintos orígenes étnicos y sociales y les prometió igualdad y libertad. También abolió la esclavitud en Venezuela, lo que le ayudó a ganarse el apoyo de la población esclavizada. Gracias a su liderazgo y a sus estrategias militares, Bolívar y su ejército consiguieron derrotar al ejército español y lograr la independencia de Venezuela y otros territorios de la Gran Colombia.

En 1813, Simón Bolívar lanzó una guerra contra los españoles, y la declaró como una "Guerra a muerte de los americanos" sin distinción de razas. Comprendió que para derrotar a los españoles necesitaba unir a todo el pueblo de Venezuela, independientemente de su raza o clase social. Para conseguirlo, formó a los líderes militares sin discriminación y ascendió a oficiales negros y mulatos, y prometió la libertad a los esclavos que lucharan por la independencia. Esta política le ayudó a ganarse el apoyo de la población esclavizada, que se unió a su ejército en gran número. La estrategia de Bolívar fue clave para el éxito de la Guerra de Independencia venezolana. Condujo a sus tropas a varias victorias decisivas contra los españoles y, en última instancia, ayudó a Venezuela a lograr su independencia en 1821, junto con otros territorios de la Gran Colombia.

Cuando el rey Fernando VII volvió al trono en España, rechazó la Constitución de 1812 y trató de reafirmar el dominio absolutista sobre las colonias. Esto provocó un renovado esfuerzo de los españoles por reconquistar sus colonias en Latinoamérica. Bolívar, que había liderado la lucha por la independencia de Venezuela, se vio obligado a huir con muchas de sus tropas y oficiales, refugiándose en Haití. Con la ayuda del Presidente haitiano Alexandre Pétion, Bolívar pudo reanudar la guerra y unir la lucha de Venezuela a la de Colombia y Ecuador. Con este esfuerzo unificado, Bolívar pudo expulsar gradualmente a los españoles y establecer una confederación de tres naciones llamada Gran Colombia, que existió hasta 1831.

La independencia de la Gran Colombia, confederación de las actuales Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá, se declaró en 1821. El proceso de independencia fue largo y difícil, marcado por divisiones internas y guerras civiles. Los territorios de la Gran Colombia eran muy diferentes entre sí, con antecedentes étnicos, lingüísticos y culturales diversos. Sin embargo, bajo el liderazgo de Simón Bolívar y otros dirigentes, estas regiones consiguieron unirse en su lucha por la independencia de España y formar una sola nación. La formación de la Gran Colombia fue un paso importante en el proceso de construcción de una nación, pero también fue una alianza frágil que se enfrentaría a muchos retos en los años siguientes, y finalmente se disolvió en 1831.

Rio de la Plata (Buenos Aires)

Fotografía única de José de San Martín.

A principios del siglo XIX, Buenos Aires era una pequeña ciudad portuaria recién elevada a la categoría de capital del Virreinato del Río de la Plata. La ciudad tenía una población diversa, que incluía afrodescendientes, guarniciones militares y gauchos (vaqueros). En 1807, Buenos Aires fue ocupada por los británicos, pero sus habitantes lograron expulsar a los invasores y mantener su autonomía. Esta experiencia de resistencia y autosuficiencia sería importante en la lucha por la independencia que siguió.

En 1810, Buenos Aires declaró su independencia de España, pero la lucha de la ciudad por la independencia se complicó por las divisiones internas y la presencia de fuerzas realistas en otras partes del virreinato. A pesar de estos problemas, Buenos Aires y las provincias circundantes lograron independizarse en 1816 y formaron las Provincias Unidas de Centroamérica, que más tarde se convertirían en la República Argentina.

La independencia de Argentina se consiguió rápidamente en 1816, pero el país estaba rodeado por los vastos territorios de Brasil y el Virreinato del Perú, que suponían una amenaza potencial de ataque desde el norte. Para hacer frente a esta preocupación, uno de los principales líderes del movimiento independentista, José de San Martín, y sus aliados decidieron llevar la lucha por la independencia al interior de Argentina, Chile e incluso más allá, a Bolivia y Perú. San Martín y sus tropas libraron varias batallas y lograron liberar Chile en 1818 y Perú en 1821. Los esfuerzos de San Martín fueron cruciales en el proceso de construcción nacional y formación de estados independientes en Sudamérica.

Perú

Es interesante ver que así es como el Perú ganará su independencia atrapado entre las tropas del Sur y del Norte. La independencia se impondrá en el Perú, las élites siguen siendo leales al rey y a España porque tienen miedo de los indios a imagen de la revuelta de Túpac Amaru.

No fue hasta 1824 que la victoria de Ayacucho trajo la independencia y puso fin al colonialismo español.

Consecuencias

España en 1824 fue derrotada en el continente americano, pero no en el Caribe, con Cuba convirtiéndose en la "perla de las Indias Occidentales" que sustituyó a Santo Domingo como proveedor de azúcar y Puerto Rico estuvo bajo dominio español hasta 1898.

Consideraciones generales

Hay que recordar que, a diferencia de las Trece Colonias Británicas y como en Haití, es un proceso de independencia en la América española muy largo. A partir de 1808, si contamos la primera junta, o 1810 si tenemos en cuenta el primer gobierno revolucionario de independencia, esto duró hasta 1828. Dieciséis años de conflicto interno.

España esperó hasta 1836 para reconocer la independencia de México. Uno puede preguntarse por qué el conflicto fue tan largo:

  • no incluía una guerra contra la metrópoli, sino una especie de guerra civil que tenía una dimensión social dentro de cada reino virreinal. Al mismo tiempo, realistas, autonomistas e independentistas luchaban entre sí.
  • Las colonias españolas, a diferencia de Estados Unidos, no han recibido ninguna ayuda de otras naciones excepto de Haití para Venezuela. Por otro lado, lo poco que tenían en ayuda militar fue comprado a crédito de Inglaterra. Estas naciones llegan a la independencia con una deuda externa bastante alta.

Los costos de la guerra no son iguales en todas partes; es muy alta en términos de pérdidas humanas en Venezuela y en la costa caribeña y en Colombia, donde sus poblaciones están disminuyendo; en términos de pérdidas económicas, México es el país que más pierde, porque toda su infraestructura en minas está destruida. Argentina se está saliendo con la suya a un precio más bajo, lo que explica los comienzos más o menos rápidos.

Podemos preguntarnos si se trata de revoluciones reales:

  1. Tenemos una movilización más o menos masiva de la población;
  2. Una lucha entre diferentes ideologías;
  3. Una lucha concreta por el poder;
  4. No tenemos realmente una transformación profunda de las estructuras sociales y económicas.

Las guerras de independencia son libradas por las élites blancas, pero son libradas por tropas de colores a menudo mezclados, mulatos negros y mujeres indias. Se basan en una ideología dominante que es la libertad, la igualdad y la propiedad privada.

Después de la independencia, hay un gran cambio legal, pero no realmente un cambio en las estructuras socioeconómicas. En todas partes se adoptaron regímenes republicanos, excepto en el régimen de Iturbide, mientras que la nobleza fue abolida. Todas las referencias a la raza en las constituciones, leyes e incluso censos desaparecen; excepto para los esclavos, todos son ciudadanos.

Para los afrodescendientes libres, es una victoria en el sentido de que pierden la corrupción de la esclavitud y ganan la igualdad de derechos. Para los indígenas comunitarios esto es una tragedia, porque en nombre de la igualdad pierden su condición de menores protegidos por el Rey de España que prohibió la venta de su propiedad comunitaria; ahora en nombre de la propiedad privada, sus tierras se están volviendo enajenables y gradualmente monopolizadas por los haciendanos y pequeños agricultores. Muchas comunidades indígenas desaparecerán.

Para la mayoría de los esclavos no hubo cambios excepto en Chile, América Central en 1824 y México en 1829, en parte porque los anglosajones colonizaron el norte de México y esta fue una forma de detener la colonización del norte de los Estados Unidos.

En todas partes, excepto en los hombres que lucharon en las tropas de la independencia, hay leyes de abolición gradual, la esclavitud sólo se abolirá en el período 1850 - 1860.

Si el principio de igualdad hace desaparecer el sistema de castas, no se altera la jerarquía social. Existen nuevos medios de movilidad social, en particular en el ejército, donde unos pocos mestizos pueden ascender en rango. De hecho, si ya no es el accidente de nacimiento ser blanco, negro o indio, es la propiedad privada y la educación formal la que lo hará, sin poner las fichas a cero, porque la ascendencia racial pesará posteriormente. Además, estas poblaciones serán tan pobres en el momento de su independencia que no podrán invertir en educación.

Los nuevos gobiernos no abogan por la redistribución de la tierra, se redistribuye a los mejores compradores y no a las clases trabajadoras.

¿Se están formando estas diferentes naciones?

  • Sí, en el sentido de que se han creado mitos fundadores y que los movimientos independentistas han mezclado las poblaciones de diferentes regiones en los ejércitos, además tenemos la llegada de ideas republicanas que nos hacen sentir parte de un país dado.
  • No, debido a que la mayoría se somete al proceso sin participar en él, a menudo se le recluta por la fuerza en los ejércitos, y la identificación local seguirá siendo fuerte. Por otro lado, las fronteras de las nuevas naciones reproducen las mismas naciones que antes. La división es prácticamente la misma que la de los virreinatos de la época colonial, mientras que las capitales de los virreinatos siguen siendo las capitales de las naciones independientes.

Anexos

Referencias